

30.10.05
José Couso: morir por la verdad en Bagdad

José Couso: morir por la verdad en Bagdad.
Por James Hollander(Jueves 4 marzo 2004)
No cabe duda de que la invasión y ocupación de Irak ha entrañado crímenes y atrocidades. Si los mecanismos de justicia internacional tuviesen la capacidad para meter en vereda a los más poderosos, cualquiera de estos actos bastaría para sentar a Bush y a Blair ante el Tribunal de la Haya. Empezando por ejemplo por la guerra que, como se ha señalado en Counterpunch y otros sitios, constituye un crimen contra la paz, el peor crimen posible, ya que representa el preludio de todos los demás. Aunque es un instrumento valioso e importante, el inmediato cómputo de cadáveres sobre el terreno no es suficiente para dar cuenta de lo ocurrido. De hecho, muchos de los que nos opusimos a la guerra, a menudo no alcanzamos a captar la verdadera magnitud de lo que no hemos visto, de la pura y prolongada criminalidad, ya que se trata de algo que supera las víctimas directas de los bombardeos y la contrainsurgencia de las tropas estadounidenses: han devastado la totalidad de un país; han minado sus posibilidades de desarrollo y progreso durante décadas; han destruido su sistema de salud; han disminuido la esperanza de vida, deteriorando la sanidad y el bienestar; han ocasionado profundos y traumáticos daños psicológicos y han truncado las posibilidades de vida de los iraquíes de las próximas generaciones. En una palabra, genocidio.
Aunque las principales víctimas son los iraquíes, los periodistas también han sufrido grandes pérdidas. Hay que recordar que según las Convenciones de Ginebra, los periodistas se consideran civiles. En zonas de guerra, es primordial defender a los periodistas de los ataques de aquéllos que desearían encubrir sus crímenes silenciando a los reporteros, impidiendo así al resto del mundo conocer, de primera mano, lo que realmente está ocurriendo. Los más afectados son, sin duda, los periodistas no estadounidenses, ya que tienen menos tendencia a servir la comidilla de porquería precocinada por el ejército estadounidense, denomina sin embargo "periodismo" por sus medios. Para prevenir otras guerras en el futuro, debemos esforzarnos en dar a conocer en casa el horror que éstas conllevan, y defender a aquéllos que trabajan sobre el terreno con el fin de contar la verdad.
Dada la hostilidad de Washington hacia aquellos medios que escapan a su control, el tema cobra mayor importancia tanto para ellos como para nosotros, ya que, amigos, se avecinan nuevas guerras. Lo que más querría Estados Unidos es realizar la próxima invasión fuera del alcance de cualquiera que no comulgue con ellos, y evitar así que horribles fotografías de las víctimas aparezcan en la red, en Al-Jazyra o en cualquier otro medio.
La muerte de José Couso, cámara de Telecinco, es un buen ejemplo de cómo se trata a los testigos problemáticos de las atrocidades del imperio estadounidense. También nos dice algo sobre la impunidad que exigen las fuerzas estadounidenses, su insistencia en gozar de libertad para actuar sin restricciones, sin asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus actos, convirtiendo la totalidad del planeta en un zona de "tiro libre". Por otro lado, tenemos la descarada y vergonzosa "alianza" unilateral entre Estados Unidos y España, que fue sellada por Bush, Blair y Aznar, en la cumbre que celebraron en las Azores tres días antes de la guerra. Y lo más importante: la tremenda batalla por la justicia, librada por la familia, los amigos y compañeros de José Couso, que debería ser para todos nosotros un estímulo y un ejemplo a seguir.
En el momento de la caída de Bagdad, en el Hotel Palestina, a la orilla este del río Tigris, se alojaban 300 periodistas internacionales, que se habían trasladado allí cuando lo hizo la CNN, abandonando el hotel Al-Rashid. La mayoría de los reporteros supuso que los militares estadounidenses no bombardearían la CNN, así que su presencia garantizaría una cierta protección. Eso pensaron también José Couso y el reportero de guerra de Telecinco Jon Sistiaga.
A primera hora de la mañana del 8 de abril, día en que cayó Bagdad, un tanque del Cuarto Batallón de la Tercera División de Infantería, Regimiento de Blindados 64, se encuentra sobre el puente de Al-Jumuriya, sobre el río Tigris. El tanque apunta con su torreta y destruye una cámara situada en la azotea de las oficinas de la televisión de Abu-Dhabi. Desde la habitación 1403 del Hotel Palestina, la cámara de José Couso capta la imagen del tanque apuntando cuidadosamente al "objetivo", aún cuando la Televisión de Abu-Dhabi ya había facilitado las coordenadas de sus oficinas al Pentágono antes de la guerra.
Un poco más tarde, Al-Jazyra sufre un ataque. Aunque se encontraban en una zona más conflictiva, ellos también habían comunicado al Pentágono, por GPS, el emplazamiento de sus oficinas. Al parecer, en vano, pues un misil acaba con la vida de Tarek Ayyoub, reportero jordano de la cadena. Al igual que había ocurrido en Kabul en noviembre de 2001, las oficinas de Al-Jazyra vuelven a ser objetivo de las fuerzas estadounidenses.
Esa misma mañana, un poco más tarde, se produce un intervalo de calma en las inmediaciones del Hotel Palestina, donde el Pentágono sabe que se alojan los periodistas internacionales. Los tanques y aviones estadounidenses habían dedicado toda la mañana a terminar con las últimas y dispersas fuerzas iraquíes que aún oponían algo de resistencia, principalmente en la orilla oeste del Tigris, donde se encuentran el complejo presidencial y los ministerios. Parece que reina la calma y, durante un buen rato, no se produce ningún disparo. El reportero español Carlos Hernández, de Antena 3, dice que parecen haberse quedado sin objetivos. Algunos periodistas dejan los balcones y se disponen a preparar sus crónicas dentro de las habitaciones; muchas cámaras dejan de grabar. "Incluso yo mismo abandoné el balcón porque vi que llevábamos ya casi media hora sin un solo disparo y parecía que la batalla estaba interrumpida" -dice Sistiaga. José Couso, por el contrario, sigue enfocando con su cámara a los tanques que se encuentran en el puente de Al- Jumuriya.
Entonces, Couso observa y graba cómo un tanque M1A1 Abrams gira su torreta y apunta al Palestina; se detiene, y dispara una sola ráfaga al hotel, que se encuentra a poco más de un kilómetro de distancia, alcanzando la planta 15. Es el tercer ataque del día a los medios de comunicación y no son ni las 12 de la mañana. El propio Couso y el reportero ucraniano de Reuters, Taras Protsyuk, son alcanzados por los escombros y la metralla. Protsyuk fallece casi en el acto a causa de las heridas. Inmediatamente, Jon Sistiaga y el cámara mejicano Jorge Pliego llevan al hospital a Couso, que está gravemente herido en una pierna, imágenes emitidas por la televisión española. Couso aguanta un par de horas. Reina el caos y un gran número de civiles se agolpan. Aún así, los médicos hacen todo lo posible, pero Couso sucumbe al terrible estado de shock.
Las explicaciones son oscuras y contradictorias. Con evidente desgana al tener que explicar lo que sería un incidente de poca importancia en la victoriosa conquista de Bagdad, el general Vincent Brooks, en Qatar, miente alegando la "multiusos" y tradicional defensa "en respuesta a fuego enemigo". Las comunicaciones que se suceden por radio en la cadena de mando, así como el comandante de la brigada, Coronel David Perkins, que comparece ante los periodistas sugieren, como recogen los reporteros afines a la coalición, que se había intentado evitar que el Palestina fuese uno de los objetivos, pero que de alguna manera no se había conseguido. (Ver el informe del Comité para la Protección de los Periodistas: www.cpj.org/Briefings/2003/palestine_hotel/palestine_hotel.html
Los medios de comunicación españoles estallan en cólera. Es sus comparecencias, el Presidente del Gobierno José María Aznar y la Ministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio, se encuentran con las protestas de los periodistas, que apagan sus cámaras y se niegan a filmar sus ruedas de prensa. Compañeros, amigos y familia de Couso organizan inmediatamente actos de protesta ante la embajada estadounidense en Madrid. Amparada por el Derecho Internacional y Español, la familia interpone una demanda por crímenes de guerra contra el Sargento Shawn Gibson, autor del disparo que causó la muerte de Couso; el capitán del tanque Abrams y el Coronel Philip De Camp, responsable del Regimiento de Blindados 64.
El informe del Comité para la Protección de los Periodistas es particularmente benévolo y concluye que las muertes de Couso y Protsyuk fueron "evitables", pero no "deliberadas".
Los compañeros españoles tienen una visión más clara y no escatiman palabras en exponerla. Jon Sistiaga: "Mi opinión es que hubo una deliberada intención de disparar contra el hotel de los periodistas. Primero se acaba con la sede de Al-Jazyra televisión, media hora después se dispara a la sede de la televisión de Abu-Dhabi y media hora después, ese mismo tanque, ¿por qué no?, dispara al hotel donde está alojado el resto de la prensa internacional". Mónica G. Prieto añade: "Conservaban aquellas posiciones desde primera hora de la mañana, con lo cual nos tenían que tener localizadísimos".
Un mes después, el Presidente José María Aznar viaja a Washington para reafirmar a Bush su lealtad. En una rueda de prensa conjunta, un periodista español tiene el arrojo de incomodar a George con el tema de José Couso, planteando si Estados Unidos debería disculparse. Bush realiza, entre dientes, las terribles y desafortunadas declaraciones que aparecen en el encabezamiento de este artículo. Entonces, Aznar añade que Estados Unidos reconoce que ha sido un error (lo cual es simple y llanamente falso), cosa que Estados Unidos aún no había hecho. Demostrando estar dispuesto a sacrificar cuantos ciudadanos españoles fueran necesarios ante el altar de la lealtad a su jefe imperial (Ver www.cnn.com/2003/WORLD/europe/05/08/aznar.bush/), Aznar declara que eso debería ser suficiente. A la vez, probablemente, deseando enterrar en la memoria su propia recepción de Tariq Aziz en Madrid, en 1998, el reciente encuentro (febrero de 2000) entre el Ministro de Asuntos Exteriores español Abel Matutes y su homólogo iraquí, Mohammed Said Al-Sahaf, o las negociaciones referentes a un posible acuerdo sobre el petróleo mantenidas hasta 2000.
La Ministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio consigue que Collin Powell prometa una "investigación", cuyas conclusiones se envían en agosto. El Ministerio de Asuntos Exteriores español las envía a la familia de Couso: dos páginas mecanografiadas en inglés, sin traducción al español, encabezamiento ni firma. De las mismas, se obtiene una nueva explicación: parece ser que un observador de las fuerzas iraquíes estaba utilizando el Hotel Palestina (Ver www.josecouso.info/article.php3?id_article=30, al final de la página). Se argumenta, falsamente, que las fuerzas estadounidenses se encontraban bajo un "duro ataque" y que el disparo al hotel fue, por consiguiente, "en defensa propia". Más mentiras: "el Hotel Palestina y sus inmediaciones se utilizaban como terreno para operaciones militares". Los 300 periodistas alojados en el hotel insisten una y otra vez en que no habían ningún soldado o milicia iraquí operando en el hotel ni en los alrededores.
De manera quizás más preocupante, el texto adopta un tono de reprimenda al señalar que, puesto que a los periodistas se les había advertido que Bagdad sería un "lugar peligroso", " en fin, ¿qué esperaban?". En otras palabras: no se puede esperar que las fuerzas estadounidenses cumplan con lo establecido en las Convenciones de Ginebra en
cuanto a la distinción entre objetivos militares y objetivos civiles.
El Gobierno español declara estar satisfecho con la maltrecha "investigación" realizada por el Pentágono y cierra el caso. Ha abordado otras cuestiones relativas al caso con desprecio y fastidio, como si se tratase de meras impertinencias.
Sin embargo, la batalla continúa. La familia, los amigos y compañeros de José Couso, desafiando al dolor y la perdida que han sufrido, han organizado una implacable campaña para pedir que se haga justicia con José: una investigación completa de lo ocurrido aquel 8 de abril y un juicio a los asesinos de José Couso y Taras Protsyuk. Decenas de ciudades y comunidades españolas piden justicia y se celebran manifestaciones, cada semana delante de las sedes del Partido Popular y el día 8 de cada mes frente a la embajada estadounidense en Madrid.
José Couso era un consumado profesional, consagrado inmensa y personalmente a lo que él consideraba su deber: contar la verdad con la ayuda de su cámara, yendo más allá de las directrices oficiales gracias a la simplicidad y, a la vez, profundidad de sus imágenes. "Le gustaba ir un poquito más allá de la noticia pura y dura. Tratar de que las imágenes hablaran por sí solas y que el periodista tuviera que contar lo menos posible" - dice Jon Sistiaga. Unos días antes del comienzo de la guerra, algunos reporteros se mostraban nerviosos ante la idea de permanecer en Bagdad, pero Couso les animó a quedarse. Carlos Hernández: "Couso nos decía os tenéis que quedar, tenemos que estar para contar lo que ocurra, no vamos a dejar que empiece una guerra y que no haya testigos". El testamento de José Couso es una filmación de 24 minutos en la que captura un crimen de guerra que terminó con su propia vida.
En unas declaraciones públicas, la familia de Couso realiza una pregunta que no sólo desenmascara a los maestros de la guerra, sino que nos plantea un reto a todos nosotros: "Si son capaces de ASESINAR a un periodista acreditado como nuestro hermano, en pleno centro de Bagdad y a ojos de toda la comunidad internacional, ¿qué no estarán haciendo con los civiles o con los que consideran enemigos que encuentran a su paso?"
(Traducido para Rebelión por Laura Abad)
James Hollander es traductor y vive en Madrid. Su correo electrónico es: antiwar@ya.com
La campaña de la familia, los amigos y compañeros de José Couso se encuentra en www.josecouso.info. Aquellas personas que visiten Madrid están más que invitadas a unirse cada martes por la tarde a los actos de protesta que se celebran delante de la sede del PP en la calle Génova, y el día 8 de cada mes frente a la embajada de los Estados Unidos.
http://www.josecouso.info/


